Mitt Romney acusa a Obama de «decepcionar y dividir» EE.UU
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Mitt Romney aceptó anoche la nominación como candidato republicano a la Casa Blanca con
un discurso de fuerte carácter personal, con el que quiso presentarse
ante los norteamericanos como alguien con credenciales suficientes para
dirigir Estados Unidos, frente a la “decepción y división” creada por Barack Obama.
“Los
americanos tienen una elección. Una decisión”, dijo, y luego,
dirigiéndose directamente a quienes le estaban viendo por televisión,
añadió: “para hacer esa elección, tenéis que conocer más sobre mí y
sobre adónde conduciré nuestro país”.
Romney
hizo algunas referencias a su vida familiar -no obvió su condición de
mormón- y revindicó sus cualidades de laboriosidad y constancia, con
experiencia tanto en el sector privado como el público, como las
requeridas para sacar a EE.UU. de la crisis económica y de liderazgo en la que, según los republicanos, el presidente Obama ha anclado el país.
“Me
gustaría que el presidente Obama hubiera tenido éxito porque quiero que
América lo tenga, pero sus promesas han dado paso a la decepción y la
división”, continuó Romney. “Cada familia de América quería que este
fuera un tiempo en el que poder seguir un poco más adelante, poner
aparte un poco más para la universidad, hacer más para la madre mayor
que ahora vive sola o dar un poco más a su iglesia o entidad benéfica”.
Enumeró
lo que los distintos sectores del país esperaban que sería el mandato
de Obama. “Cada pequeño negocio quería que estos fueran sus mejores
años, cada licenciado universitario pensaba que ahora tendría trabajo,
todos pensábamos que la deuda del país se habría reducido. Esta era la
esperanza y el cambio por la que América votó”, declaró Romney en
alusión a los lemas “hope” y “change” con los que Obama ganó los comicios en 2008.
“Si
sentiste esa emoción cuando votaste por Barack Obama”, dijo el nominado
republicano, en estas elecciones deberías preguntarte si no deberías
sentir lo mismo ahora que él es presidente”. Romney mismo dio la respuesta:
“sabes que hay algo equivocado con el tipo de trabajo que ha hecho como
presidente cuando tu mejor sentimiento fue cuando le votaste”Ž. Y
concluyó, en referencia al otro lema de Obama de 2008, el “Yes, we can”,
“ahora es el momento en el que podemos hacer algo. Con tu ayuda lo
haremos”.
La intervención estuvo precedida por una apasionada presentación del joven senador Marco Rubio y por una sorpresa, la aparición Clint Eastwood.
El actor y director ya había expresado su apoyo al candidato pero que
había querido acudir a Tampa a hacerlo especialmente manifiesto subiendo
al estrado de la convención y dirigéndose a los estadounidenses en hora
de máxima audiencia televisiva. Eastwood contribuyó a una gran noche de
euforia de los respublicanos.
Tenido por alguien distante, que provoca poca empatía ante las grandes audiencias, Romney abordó una narrativa personal tendente a “humanizar” su perfil.
En esto, su condición de mormón es una cuestión clave, porque puede ser
mostrada como prueba de dedicación a otros (tuvo una comunidad mormona a
su cargo en Boston) y de generosidad económica (entrega tres millones
de dólares a actividades benéficas, la mitad a la Iglesia de los Santos
de los Ultimos Días).
Los
asesores de Romney se habían mostrado reacios a destapar el mormonismo
del candidato, por temor a una reacción negativa del electorado, pues tiene más bien mala imagen,
pero al final se ha cambiado la estrategia. Poco antes de que Romney
hablara, hubo una invocación religiosa realizada por un mormón.
La
noche anterior Ryan se ganó a la convención con un discurso vigoroso,
empapado en sus credenciales de ahorrador presupuestario y con una
llamada generacional que completa los perfiles de Romney.
“Aquí nuestro compromiso. No rehuiremos los asuntos difíciles.
Lideraremos. No gastaremos nuestros cuatro años echando la culpa a
otros. Asumiremos responsabilidades. No intentaremos reemplazar nuestros
principios fundacionales, los volveremos a aplicar”, declaró.
Ryan,
próximo a las bases conservadores del partido, tenía la misión de
conectar con la militancia. Y lo consiguió. Arremetió duramente contra Barack Obama,
especialmente contra su gasto presupuestario, el elevado déficit y su
reforma en marcha de la sanidad, conocida como “Obamacare”. Normalmente
corresponde al “número dos” del tícket electoral un tono más agresivo
contra los contrincantes. Eso hizo Ryan, que acusó a Obama de que su
reforma sanitaria comprende “más de dos mil páginas de reglas, mandatos,
impuestos, tasas y multas que no tienen espacio en un país libre”.

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